Arica

En este último y bastante largo tiempo en el que Chile ha creado una serie de proyectos que buscan construir nuevas centrales de energía en todo el país, el tema ambiental ha sido prioridad para la ciudadanía en general que ha hecho fuertes campañas para evitar el grave daño que estas centrales producirían en la naturaleza. Fue así como en 2010 se logró evitar la construcción de una central termoeléctrica en Punta de Choros, salvando la fauna y los bellos paisajes que ahí se encuentran; y el rechazo a muchos otros proyectos de igual envergadura se ha hecho sentir en todo Chile. Sin duda, el caso más emblemático ha sido el proyecto de la hidroeléctrica HidroAysén, que hoy busca su aprobación con una extendida campaña del Gobierno que busca convencer a la ciudadanía de la necesidad de construirla, resultado del amplio rechazo y manifestaciones en su contra. Pero mientras el país vive preocupado de HidroAysén, Punta de Choros e Isla Riesco, hay otros lugares que necesitan de su apoyo, pero que se han visto muy olvidados.

Mientras tanto en un lugar lejano

Es lo que sucede con Arica, la ciudad más septentrional de Chile y que, ubicada en un extenso desierto, parece no ser vulnerable a los daños ambientales que sí sufrirían otras partes del territorio. Ciudad que ya ha sido contaminada por los polimetales, afectando la salud de gran parte de su población y que hoy se ve amenazada nuevamente por el ya aprobado proyecto de la Central Termoeléctrica Parinacota, cosa muy parecida a lo que sucede en otras ciudades de Chile, pero que no le ha tocado tener la misma suerte al no ser tema de interés por parte del resto de sus compatriotas ni alcanzado ser noticia en los más importantes medios del país, preocupados sólo de la Patagonia. Fuera de la atención del resto, sólo agrupaciones locales, ambientalistas y representantes de otras entidades como Greenpeace han manifestado su rechazo desde que se supo la noticia y a pesar de los intentos por hacer conocida la noticia, en el resto de Chile apenas se tomó en consideración el tema y las movilizaciones poco sirvieron para evitar la aprobación del proyecto.

El proyecto más contaminante del país

CT Parinacota es el nombre del proyecto que contempla la construcción de una central termoeléctrica en Cerro Chuño para proveer de mayor energía eléctrica a la zona comprendida por la región de Arica y Parinacota. El lugar en que se piensa afianzar se encuentra ubicada tan sólo a dos kilómetros del límite urbano al este de la ciudad y a un kilómetro al norte del fértil valle de Azapa; en Cerro Chuño hoy se encuentran poblaciones que se pretenden erradicar producto de la contaminación por polimetales y muy cerca de ésta se ubican otras poblaciones cuyo futuro aún es incierto. Lo que más llama la atención, sin embargo, es que el proyecto tipifica las áreas circundantes como “zonas desérticas hacia el poniente del proyecto” siendo que estas supuestas áreas desérticas comprenden desde los valles de Azapa y Lluta hasta las poblaciones más cercanas y otras más alejadas, siendo una amplia zona la que recibiría los desechos contaminantes de la central.

Quienes han estudiado este proyecto son tajantes al decir que se trata de la termoeléctrica más contaminante del país: su principal combustible será el Fuel Oil N° 6, un desecho del petróleo altamente nocivo, también arrojará mensualmente 17 toneladas de monóxido y dióxido de carbono, otros 178 toneladas de dióxido de azufre y 352 toneladas de óxido y dióxido de nitrógeno y obligándonos a respirar durante 30 años estos elementos, además causará una enorme contaminación acústica con los grandes ruidos y vibraciones y por último provocará contaminación electromagnética por las líneas de transmición de alto voltaje mayores a 23.000 voltios en un trayecto de 1,2 kilómetros.

Las problemáticas

La construcción de la CT Parinacota traerá graves consecuencias ambientales, salubres e incluso económicas. La contaminación generada afectará principalmente la salud de los habitantes, lo que podría asimilarse a lo que hoy ocurre en Tocopilla donde, luego de la construcción de una termoeléctrica, las enfermedades respiratorias crecieron significativamente entre otros males. Los desechos también afectarán los valles que representan el sustento económico de gran cantidad de agricultores que además sustentan a la zona con frutos, verduras y hortalizas. Los contaminantes pueden incluso llegar al mar afectando la actividad pesquera tal como ocurrió en Tocopilla. Y qué hablar del turismo que supuestamente las autoridades tanto desean acrecentar, siendo lo más probable que se vea mermado por estas consecuencias. Nada positivo se augura aquí, ni siquiera puestos de empleo que según el mismo proyecto no contempla utilizar a más de 70 personas. Y todo esto fue aprobado a espaldas de los principales afectados y con el respaldo de las autoridades de la ciudad como el Gobierno Regional, la COREMA (Consejo Regional del Medio Ambiente), donde actúa el anterior intendente de la región, y otros organismos públicos.

Y a pesar de todo esto sigue siendo de poco interés público en el país y hay que reconocer también que muy pocos pobladores de la ciudad están bien informados de este asunto, por lo que las manifestaciones no han sido lo suficientemente grandes para llamar la atención de los responsables del proyecto. Ahora sólo esperan la erradicación de los pobladores del sector, que como se ha mencionado, serán erradicados producto de sus demandas por la contaminación por plomo, arsénico, mercurio y otros metales pesados, que han afectado sus vidas durante años. De esto de lo que ahora se aprovecha una empresa para lograr sus objetivos que en el fondo se traducen en ganancias económicas para sí mismos, produciendo un hondo pesar en quienes se ven pasados a llevar y produciendo duda en todo lo que las autoridades aseguran.

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