Stop Online Piracy Act o también llamada Ley Sopa, es un controvertido proyecto de Ley presentado en el congreso de Estados Unidos -que se suma a la conocida Ley Sinde en España- que tiene como fin acabar con uno de los peores males que el mundo de la tecnología ha traído a los ciudadanos más indefensos, más importante que exterminar el terrorismo, la delincuencia o la corrupción, hablamos de la temida Piratería: el crimen del siglo XXI.

Muchos años atrás, cuando la gente compraba su música en discos de vinilo, luego en cassettes y más tarde en los primeros CD’s, así como veían películas en el cine que luego podían comprar en VHS y años después en DVD (y ahora en Bluray), ni las grandes productoras cinematográficas ni las casas discográficas debieron preocuparse tanto por que individuos comunes y corrientes utilizaran un simple reproductor de vídeo o una radio-grabadora para copiar la música o película que uno de sus amigos les prestó, en vez de comprar el producto original como legal y moralmente debían hacer.

La piratería existía, no sólo en estos campos, sino también en otras artes como la literatura, videojuegos y demás obras intelectuales, pero nadie se quejaba. Los autores, sobre todo músicos y actores, seguían recibiendo la fortuna que merecidamente debían obtener por su trabajo y de paso los mandamases, para quienes trabajaban, se hacían ricos también. Y para proteger sus derechos, como los de cualquier otro ciudadano, nacieron las leyes de derecho de autor (copyright) que básicamente impedían que una persona obtuviera ganancias por la obra de otro sujeto amparado por estas leyes. Todo bien hasta el momento, la piratería era combatida simplemente yendo a las ferias libres y deteniendo a todo aquel que se atreviera a vender obras falsificadas o vilmente copiadas. Pero pronto el panorama cambió…

El mayor enemigo del Copyright fue rápidamente expandiendo su dominio por cada rincón del planeta, llegando a cada hogar, cada persona y a manos de infringidores de la ley. Internet se convirtió, además de una gran fuente de información y fotografías de gatitos, en un centro de operaciones para criminales que no respetaban el trabajo ajeno y con su afán de “compartir”, comenzaron a subir a la red material protegido como canciones, películas, libros, videojuegos y más. Estos delincuentes y sus cómplices eran en apariencia simples ciudadanos, pero guardaban en sus computadoras estas oscuras intenciones de compartir al mundo cuanto se les ocurriese, para que nadie más tuviera que pagar por aquel material que descargaban. Entonces el caos llegó: la gente dejó de ver películas en el cine, comprar libros, ir a recitales musicales y comprar videojuegos.

Todo estaba ahí, en la Internet, no había necesidad de comprar un hermoso álbum musical en un formato físico cuando podías tener las mismas canciones en menor calidad, pero en un cómodo reproductor mp3 o ver una película en una gran sala con una excelente imagen y sonido, cuando un solo sujeto debía grabar la película con su cámara de bolsillo y compartirla. Fue entonces que los cantantes debieron renunciar a sus lujosas mansiones para vivir con lo poco que ganaban. Los actores debieron conformarse con trabajar por amor al arte en obras escolares. Los creadores de videojuegos, sin sus ganancias, no pudieron más que crear juegos para diarios y revistas. Los escritores, un poco menos apáticos con la tecnología, subieron sus novelas y cuentos a blogs gratuitos. Y las editoriales, discográficas, productoras y demás empresas se vieron en la más absoluta pobreza, no pudieron seguir financiando el arte y no hubo más que vender. Los criminales cibernéticos no encontraron más que piratear y el mundo se detuvo y dejó de existir tal como lo conocemos hoy. FIN.

Es muy probable que esto no suceda, pero es así como nos lo quieren hacer ver los grandes empresarios y es por ello, que amparados por políticos que poco y nada saben sobre tecnología e Internet, es que han nacido este último tiempo ideas como las leyes ya mencionadas que pretenden castigar, como si de un delito grave se tratara, el compartir material protegido por derechos de autor en Internet. Al contrario de lo que parece, el asunto no es defender la piratería, sino criticar la exagerada cruzada que se está llevando a cabo para aniquilar con este “mal”, afectando incluso a personas que no tienen siquiera la intención de ganar dinero por compartir contenidos en Internet. En especial las casas discográficas, siendo principalmente artistas los que avalan estas leyes, se valen de argumentos insólitos para condenar las descargas de Internet. Por ejemplo, si en una página web que almacena música con copyright, un álbum es descargado cien veces, la discográfica que tiene los derechos de autor ha tenido una pérdida equivalente a esos cien álbumes que fueron descargados en vez de comprados, por lo tanto, cada vez que se realiza una descarga por Internet, estos pierden dinero.

Desconozco cómo funciona el negocio ni cómo se ha desarrollado, pero mencionar el cómo se comercializaba antes el material intelectual según lo que sé (VHS, discos de vinilo, cassettes, etc) tiene también la intención de hacer hincapié en el hecho de cómo va rápidamente avanzando la tecnología en estas áreas y cómo se han adaptado las empresas a lo que el público quiere; pero caso contrario parece ser Internet, en donde en vez de adaptarse, lo han rechazado intentando mantener los formatos de comercialización de la vieja industria. Aunque se debe destacar que no en todos los casos es así, existiendo tiendas online que venden contenido multimedia de artistas reconocidos sin necesidad de acudir a medios físicos y a un precio muy accesible para todos, lo que impide creer que Internet es un medio imposible para vender música o películas.

Pero hay que considerar que el cliente no va a comprar algo que desconoce, más allá de un single que pueda escuchar en la radio, el tráiler de una película que pueda ver en televisión o la reseña de un libro que lea en algún medio, no siempre se va a aventurar a gastar su dinero por ver si le gusta; y en otros casos no tendrá la oportunidad de conocer nuevos artistas, directores, escritores, etc. sin que alguien se los dé a conocer. Y esta es la gran tarea que cumple Internet, el que sus usuarios compartan entre ellos lo que les ha gustado, lo que han descubierto y lo que quieren que otros conozcan también.

Internet no les hace un daño a los artistas —hasta el momento ninguno de ellos se ha muerto de hambre—, sino que puede ayudar a que se hagan más conocidos. Y si las empresas han visto bajas en sus ventas, la solución no está en la Ley Sopa, la Ley Sinde u otras, que provocarán que cualquier persona sea tratada de criminal por tener una página que almacene contenido multimedia protegido con el consecuente cierre de su sitio y tal vez una multa o hasta cárcel como se ha visto en algunos casos, métodos totalmente extremos que sólo protege los intereses de empresas millonarias. Quizá la verdadera solución esté en adaptarse a este nuevo cambio, darse cuenta que dependen de Internet también, encontrar el modo de utilizar este medio y proteger sus derechos sin llegar al extremo de creer que toda persona que comparte algo por Internet les está robando y debe ser encarcelado. De hecho, esa misma gente pudo haber comprado una película o un álbum antes de compartirlo en Internet, es ilógico pensar que algo por lo que pagaste debe ser visto sólo por ti. Y tener presente que no todo el mundo pagará por un producto aunque bloqueen todas las páginas de Internet, aún así no gastarán su dinero en comprar lo que no pudieron descargar, simplemente no lo tendrán.

Leyes como estas no son más que injustas y coartan la libertad, es simplemente una estupidez que en España se cobre un canon digital por cada disco compacto vendido, asumiendo que siempre se usará para hacer copias ilegales cuando la persona que tuvo que pagar ese dinero extra lo usará con fines personales, como guardar fotos o documentos propios. Y aún peor será la ley Sopa que afectará no sólo a Estados Unidos, sino que, siendo esta una potencia mundial tendrá efecto también en el resto del mundo. Son muchas las empresas de Internet que han hecho eco frente a este caso, entre las cuales se han unido para oponerse: Google, Twitter, Yahoo!, eBay y Wikipedia, puesto que la ley considera un rastreo, vigilancia y hasta perseguimiento de cualquier persona que sea sospechosa de subir contenido protegido por derechos de autor, aplicando una censura radical que puede extenderse incluso a las mencionadas empresas entre otras. Aún está esta ley en discusión, pero mientras se espera su aprobación, no nos queda más que descargar todo lo que podamos mientras aún esté en los marcos legales.

Para mayor información lea estas noticias:

Y me despido con una frase que leí por ahí: La piratería no es un delito, es acercar la cultura a los más pobres.

ACTUALIZACIÓN: Finalmente la ley SOPA no fue aprobada en Estados Unidos, ¡somos libres!

 

0 opiniones en “Criminales cibernéticos: compartir es robar

  1. Excelente Mangii, concuerdo totalmente contigo. De hecho, cuando aparecen nuevos artistas o artistas poco conocidos, me parece bien cuando permiten descargar de forma gratuita sus discos o temas sueltos, y logran llamar más mi atención que aquellos que se protegen. Como tú has dicho, ningún artista se ha muerto de hambre porque la piratería lo ha dejado en la calle, y comento aquí un caso bien personal. El 99 conocí a los Red Hot Chili Peppers, por los videos suyos que mostraban antes de las noticias am. El 2008 los empecé a escuchar más y no me pude comprar ningún disco, sin embargo, me gustaron tanto que casi lloré cuando supe que venían y me gasté 27 lucas (más pasajes) para ir a verlos a Santiago. Y supongo que así les pasa a muchos. Estoy de acuerdo también con la frase que pusiste al final, porque en estos momentos no tengo la opción de añadir a mis gastos un item de comprar discos o libros físicamente, pero si encuentro trabajo, seguro que lo incluiré. Lamentablemente no todos tienen esa posibilidad y en ese caso mejor bajarse algo de internet que no conocer nada.

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