Mi nombre es María de los Ángeles, no María, conocida comúnmente en el mundo virtual como Mangii; aunque a veces suelo utilizar seudónimos como Marie D’Ancanto, Pepita de la Sandía, Ana María Wagner, Anne Marie Raven, LecheAsada, Tomoe Li Chan y Mangii Leta.

Llegué a este mundo un domingo por la tarde en un bello día de verano, hace poquito más de dos décadas en la ciudad de Rancagua en Chile. Pero al poco tiempo mi familia decidió emigrar lo más al norte que pudo llegando a la República Independiente de San Marcos de Arica o simplemente Arica. Fue aquí donde comienzan mis recuerdos más antiguos y donde viví una feliz infancia junto a mis padres y mis dos hermanos, Guido y Francisca.
Todos estos años se pueden resumir en pocas palabras: entré al jardín infantil, pasé a kinder, viví largos años encerrada en un colegio aprendiendo cosas de las que sólo me quedan el saber escribir y leer, realizar operaciones matemáticas básicas y alguno que otro concepto del mundo, además de los colores. Recuerdo la única vez que fui a básquetbol, el par de clases de gimnasia rítmica a las que asistí y los tres años de equitación que practiqué. También todos los veranos yendo a la playa, lo mejor de vivir en una ciudad costera a pesar de la centenaria amenaza de un cataclismo de proporciones épicas debido a un mega terremoto y súper tsunami que aún esperamos ocurra. Sumado a eso, la larga exposición, sin saberlo, a los polimetales como plomo, mercurio y arsénico que hemos respirado desde que éramos unos niños y nos íbamos a jugar al lugar que fuese el depósito de esos desechos. No fueron pocas palabras en realidad.

Luego vinieron mis años en la enseñanza media, aunque jamás me cambié del Liceo Domingo Santa María, mi único colegio y Liceo por siempre. Ahí hice muchas amigas, las que luego no volví a ver ni llamar jamás, también pasé momentos memoriales y otros olvidables, en los que me dediqué a ser una tranquila niña de casa, estudiosa y respetuosa de sus padres. Hasta que un día, de la nada, todo el proceso escolar terminó y me vi enfrentada a tomar la decisión -en esos tiempos- más importante de mi vida: elegir una profesión.

Debido a que postergué la búsqueda de mi vocación hasta los últimos días de mis cortos 17 años y me vi ante la obligación súbita de ser una adulta, fue que escogí estudiar Derecho. De esos dos años no quiero abordar mucho, debí vivir con la presión de saber que me había equivocado y que a nadie le gustaría mi decisión de abandonarla. Pero no todo fue malo en mi primera experiencia universitaria, conocí gente nueva y desagradable, vi lo peor de las personas y vi el mundo desde una nueva perspectiva, también tuve vivencias nuevas y conocí otras personas importantes para mí en ese momento. También tomé una decisión aún más importante que fue bautizarme como Testigo de Jehová y reforzar mi fe en Dios.

Pero fue al final de esa época en que las cosas cambiaron completamente en mi vida y la de mi familia, por mi parte sufrí decepciones que me costaron por largo tiempo asimilar y a la vez recibimos la peor noticia que jamás oímos: la enfermedad de mi madre. Fueron largos meses de agotantes viajes, tratamientos y un sin fin de episodios que no tuvieron un final feliz. Fue el 2010, que a la vez abandonaba por completo mis estudios y perdía a la persona más importante de mi vida. Comenzó entonces una nueva etapa de superación para mi familia y además para mí prepararme nuevamente para comenzar en lo que había elegido como nueva ocupación: la Pedagogía. Fue mi afición por el Lenguaje y la Literatura que escogí estudiarlo en el año venidero.

Y todo fue bien desde entonces, buenos resultados, nuevas oportunidades que había perdido y nuevas metas. No me arrepentí de mi decisión, a pesar que al principio algunas cosas no marchaban bien. Pero a mi lista de conocidos se sumaron nuevas personas que hicieron más agradable esta etapa y me comprometí a no abandonarlos como solía hacer con mis amigos, no a propósito claro está, sino que a falta de interés por la gente.

Y aquí estoy ahora, resumiendo lo que ha sido mi vida una noche en que debería estar ya dormida, pensando cómo han cambiado estos años en cosas tan sustanciales. Mi personalidad ha mejorado bastante, aunque sigo siendo tan enojona como siempre, pero he aprendido a ser menos tímida con la gente y por culpa de algunos, más desconfiada. Hay cosas que siguen igual o peor, como mi visión del mundo y mi odio generalizado hacia la raza humana, mis largas divagaciones y mi mente en otro plano. Mis gustos siguen siendo indefinidos y cada año agrego una nueva banda musical que escucho sin parar. Sigo escribiendo y ya tengo cuatro blogs, más dos en los que coopero (y lo he hecho muy poco), pero sigo intentando inspirarme más seguido para no esperar tres meses escribir algo nuevo.

Aún tengo inconclusas las historias que comencé a escribir a mis 15 años y sólo una he publicado en la web. No he vuelto a dibujar, pues ya mi creatividad no da para ello, pero para eso está mi hermana, la artista de la familia, así como mi hermano es el informático y yo la lingüista (que espero ser). Además me he convertido en la cocinera de mi casa, siempre innovando con recetas obtenidas de Internet, no de generación en generación, y en… creo que eso no más me he convertido.

Ahora tenemos nuevas mascotas en casa: un gato llamado Acertijo poco regalón, pero que no puede comer estando solo y una perrita de nombre Josefa demasiado inquieta y traviesa. En nuestros recuerdas quedaron todas nuestras lindas mascotas que se han ido, como nuestros perros Fiel Filemón y Puki, más otros que no alcanzamos a disfrutar mucho tiempo, y nuestras lindas gatas Alcachofa y Loba. Mascotas que fueron parte de mi vida y cuya partida sufrimos todos.

Pero no se puede esperar más de la vida, mejor dicho, no se puede esperar nada de nadie. No sé si he adquirido un pensamiento más negativo, pero sigo teniendo la convicción de que este mundo impío cesará algún día y no me queda más que aguantar que ese día llegue, para poder disfrutar de esta hermosa Tierra con nuestros seres queridos. Mientras tanto seguiré odiando al mundo a la vez que intento cultivar el amor por el prójimo, seguiré practicando mi paciencia y autocontrol, seguiré viviendo de acuerdo a mis ideales sin importarme lo que los demás hagan con su vida, continuaré intentando mejorar lo poco que no me agrada de mí, intentaré tener una opinión más fuerte y menos influenciada, una mayor coherencia en lo que digo y seguiré dejando que mis pensamientos vuelen imaginando cosas indescriptibles, cantando en la calle y hablando sola mientras camino y con mi humor irónico e ingenuo.

Cambiar al mundo, lo dudo. Ser un aporte a la sociedad, me importa nada.

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