La siguiente historia está inspirada en las tantas horas de literatura medieval que tuve que leer el año pasado, fecha aproximada de cuando fue escrita y guardada en borradores no queriendo salir a la luz debido a su extraño uso del lenguaje y formas verbales que pueden estar incorrectas, pero que intentaron de forma espontánea imitar esas historias moralizantes de caballeros y reyes. Formalmente se divide en siete partes, cada uno con seis párrafos, excepto el primero que tiene cinco y el último que tiene cuatro; cada párrafo tiene en promedio 3 líneas y un cachito.

Esto no es importante, ya que es una forma de prosa que inventé yo y que no tiene nada de especial. Además, debo rescatar que el nombre del personaje principal fue inventado antes de tener a mi mascota del mismo nombre y es sólo casualidad También, el que el personaje principal sea mujer, y debido al desarrollo de la historia, no está en ningún momento queriendo decir que las mujeres no sirvan para eso, sólo que quise que fuese mujer. Ya, sin más preámbulo inútil, mi historia:

Crónica de un reino desgraciado

Parte I

Érase una vez un reino donde vivíase en absoluta paz, sin que sus habitantes conociesen vicio alguno y el trabajo ni la comida nunca faltole a nadie, pero como al hombre todo parécele aburrido después de un tiempo, comenzaron a anhelar cosas nuevas y gratas para sí.

La señora de este reino quien gobernaba en esos días, tenía por nombre Doña Josefa de Romerales y Estébanes, por ser hija única de la casa de Romerales. Llegaron en esos días sus más leales vasallos a su encuentro y ella pidioles que relataran qué noticias tenían sobre su reino.

-Oh, Su Majestad, tenga Dios en la más alta gloria vuestra honra. Como bien sabéis, nosotros, vuestros leales vasallos, emprendimos un viaje por el reino para conocer y contaros a vos lo que ha sucedido estos días y hemos sabido las cosas que los aldeanos exigen a vos, su alteza.

-¡Hablad de una vez, caballero! -acometió la reina Josefa- daos cuenta que me impacienta enormemente saber que mi pueblo, aquel que creí ser privilegiado por su prosperidad y tranquilidad, ahora pareciera ya no estar contento con ello, poniendo así en peligro el honor de mi corte.

-Señora mía -pronunciose otro caballero- aquello que ocurriósele al pueblo es que todas las cosas que tienen y tendrán ya no es de su total agrado y desean conocer cosas nuevas y gratas para sí, porque llevan una vida monótona y no han conocido siquiera bebida o alimento nuevo.

Parte II

Y como la reina sólo deseaba lo mejor para su reino, emprendió un viaje con sus súbditos en búsqueda de algo nuevo que contentase a su pueblo, fue así como llegó a un reino donde su señor recibió a la reina con altos honores y preparó una abundante cena para sus nobles visitantes.

-Ha sido para mí muy propicia vuestra visita -dijo aquel rey a la reina-, por ello quiero expresaros mi gratitud convidando a vos y a vuestros caballeros de la excelente bebida que mi reino ha perfeccionado en su fabricación. Es tan exclusivo brebaje, que en ninguna otra tierra la hallaréis.

Entonces los súbditos de aquel rey hicieron llegar a la mesa grandes copas de un elixir tan rojo como la sangre y convidoles a los huéspedes. La reina procedió a beber de aquello que llamaban vino y viendo que el vino era bueno, creyó haber encontrado lo que en su viaje buscaba.

Mandó entonces la reina Josefa a llenar diez carruajes tirados por bestias con barriles que conteniesen esa maravillosa bebida, pagó al rey diez mil monedas de oro a cambio y marchose de vuelta a su reino con el vino que era agradable y llenaba de ímpetu al cuerpo y al alma.

La reina repartió el vino entre los hombres de familia y ellos comprobaron así que el vino era tal como exigían y les era grato y nuevo, pero como al hombre los placeres nunca son suficientes comenzaron a beber más de lo que sus cuerpos y sus mentes podían aguantar.

Viendo la reina que tanto vino bebido cambiaba los comportamientos de los aldeanos provocando disputas y desorden que nunca habíanse visto entre ellos, esperó que los abastecimientos se acabasen, pero el pueblo aprendió cómo preparar vino para sí y el vino nunca cesaba entre ellos.

Parte III

Emprendió la reina entonces un nuevo viaje buscando la solución a los problemas que ocasionó, llegando así a otro reino en que su señor la recibió también con altos honores y le convidó, después de una abundante comida y agradables fiestas, a participar de las tertulias en su castillo.

-Tenemos en mi reino -procedió este rey- una costumbre muy arraigada: luego de las comidas y cuando hemos quedado exhaustos de tanto trabajo en el día, nos sentamos y consumimos el humo de una aromática yerba que nos mueve a relajarnos, esto lo acostumbramos en todo el reino.

Hizo entonces el rey llegar ante la reina Josefa y sus vasallos, en bandejas de plata, papel blanco y fino; y en cestas, yerbas que jamás hubo visto, y también fuego les trajo. Entonces este rey enrrolló la yerba en el papel, prendióle fuego en una punta y la otra llevóselo a su propia boca para luego exhalar el humo.

Enseñó esto a la reina quien lo imitó en la preparación y luego exhalando el humo vio que el humo era bueno y relajaba el cuerpo así como la mente. Y viendo la reina que esto es lo que su reino necesitaba para acabar con los desórdenes, pidió al rey más de aquellos elementos para llevarlos a su reino.

Entonces la reina mandó llenar cinco carros tirados por bestias con cajas de lo que ellos llamaban cigarros, a cambio de veinte mil monedas de oro, llegó a su reino donde también repartió éstos entre los hombres de familia y estos hombres vieron que el cigarro era bueno y aminoraba las pasiones que el vino exaltaba.

Creyó la reina esta vez haber actuado bien, pero como al hombre toda cosa que le haga olvidar sus obligaciones y pesares se vuelve una adicción, los aldeanos comenzaron a fumar en demasía y a olvidar sus ocupaciones, se volvieron pronto a la ociosidad y el reino se halló pronto en la pobreza.

Parte IV

Viendo la reina Josefa que vino y cigarros no habían traído más que desgracias a su pueblo, buscó consejo y soluciones entre sus vasallos y consejeros no hallando en ellos ninguna respuesta. Fue entonces cuando llegó a palacio un hombre extranjero que le planteó una solución.

-Su alteza real, no soy yo más que un simple caballero, pero si así me lo permitís quiero daros una solución. En mis tierras cuando deseamos que la gente de los pueblos no continúe con un mal hábito, hacemos uso de nuestras leyes y las de Dios para prohibir a la gente que continúe con su actuar.

Sorprendidos quedaron la reina y sus vasallos, pues en su reino jamás nadie prohibió cosa alguna por el motivo que todos en él tenían un obrar y reputación impecables, por ello las leyes del reino y las de Dios no servían más que para ordenar las cosas buenas que ya existían.

No contemplando otra medida, la reina hizo llamar ante sí a un jurista y le hizo escribir en las leyes las cosas que ahora mandase, en ellas escribieron las principales prohibiciones: en el reino no se volvería a beber del vino ni fumar de la yerba y así lo hizo llegar a todo el reino.

Fueron retirados todo vestigio de aquel elixir que los volvía indómitos y de aquella yerba que los relajaba hasta llevarlos al ocio. Pero como al hombre lo tienta más lo prohibido que lo accesible, deseó más que nunca poseer aquello que ahora les era arrebatado.

Entonces sucedió que los robos fueron creciendo por intentar recuperar sus apreciados bienes, las fábricas clandestinas crecieron cada vez más en cantidad y el tráfico fue el negocio que muchos aldeanos cometieron para desobedecer las leyes y satisfacer los deseos de algunos y las ambiciones de otros.

Parte V

Notando la reina Josefa que una solución traía otro problema mayor y que las cosas habían vuelto como en un principio y peor, creyose a su pueblo maldito y desgraciado, desobediente de las buenas prácticas, las leyes del reino y de Dios y causantes de todo mal que los acongojaba.

Fue entonces que en otra reunión entre la reina Josefa y sus leales caballeros, buscaron una solución que no creían poder encontrar, perdiendo toda esperanza llegó una doncella extranjera que acompañada de su séquito pidió la palabra a la reina haciéndole notar su sugerencia.

-Oh, Señora, que tan fiel servís a Dios y a tu pueblo, permitidme contaros lo que en mis tierras obramos para castigar a aquellos que desobedecen. Las armas de vuestros caballeros no sólo sirven para la caza y la esgrima, os aconsejo que las utilicéis como escarmiento contra quienes osan en desafiaros.

De este modo aquella doncella sugirió a la reina Josefa castigar a los desobedientes de las leyes con la pena de muerte, la reina vio que era una excelente idea y aceptó. Mandó a los juristas a  añadir estas cosas a las leyes y a sus caballeros que vigilaran al pueblo y repartieran justicia entre ellos.

Por este motivo los caballeros partieron en sus corceles vigilando a quienes no cumplían los mandatos y dándoles de muerte como castigo en el mismo lugar. Pero como al hombre el poder lo corrompe, fueron ahora los caballeros quienes abusaron de éste y la más pequeña sospecha era motivo de escarmiento.

Así como la reina esperaba, disminuyeron los agravios a la ley hasta no hallarse ninguno que intentase desobedecer. Pero notó con tristeza como también aumentaban las muertes hasta convertirse su reino en un lugar de matanza y no hallábase ya hombre adulto que cuidase de sus familias entre tanto muerto que hubo.

Parte VI

Hallándose enormemente disgustada la reina con sus caballeros a quienes el poder cegó, mandose llamar a éstos para enviarlos al destierro, los caballeros como vasallos leales que aún eran, obedecieron a su reina y partieron dejando atrás cuanto honores tuvieron alguna vez.

Ni siquiera en monasterios quedaba hombre ya, puesto que incluso los frailes fueron acusados de desobediencia. Las mujeres ya olvidadas del vino y la yerba comenzaron a trabajar intentando cuidar por sí solas a sus familias y enterrar a sus hijos mayores, padres y esposos muertos por agravio a la ley.

Los muertos eran tantos para tan pocas mujeres y para tan pocos frailes que no murieron que pudiesen llevar los actos fúnebres, que una peste proveniente de los cuerpos y su podredumbre se levantó en el reino y fue enfermando a cuanto ser vivo habitaba aún en el reino causando gran dolor, sufrimiento y muerte.

La reina abandonada con tan solo algunos siervos contemplaba desde los altos ventanales de su palacio su alrededor recordando lo que antes fue un próspero reino donde habitaba la paz, ahora convertido en un desolador campo de pobreza, soledad, sufrimiento y de muerte.

-¡Oh, Dios mío! -lamentose la reina-. ¿Por qué yo que lealmente os serví a vos y a mi pueblo debo verlo reducido a ruinas y sufrir junto a él sus padecimientos? ¿Por qué me he es traída esta deshonra yo que sólo deseé lo mejor para mi gente? ¡Ya nada puedo hacer para que todo vuelva a ser como ayer!

Entonces la reina Josefa marchose a una habitación muy apartada, cogiose una espada pequeña entre sus manos y sentose de rodillas frente a un altar cogiendo un rosario y terminados sus rezos, infringió un rápido y fuerte golpe con la espada en su vientre vertiendo la sangre en sus vestido y cayendo muerta en el altar.

Parte VII

Muchas horas pasaron hasta que sus siervos comenzaron a echarla en menos y buscando en todo el palacio finalmente la hallaron tendida en la habitación en que la reina misma causó su muerte. Uno de ellos encargose de llamar a los caballeros desterrados para que tomasen las decisiones en el palacio.

Uno sólo de los vasallos volvió a su reino, el resto de ellos cayó en el infortunio y encontraron la muerte en su viaje, mientras que éste volviose para llevar a cabo los actos fúnebres de su reina, pero encontrándose viejo y enfermo, murió pronto dejando sin gobernante el desvalido reino.

Los siervos de palacio, así como las mujeres que aún vivían con los hijos que les sobrevivieron, no quisieron saber más sobre aquellas tierras desgraciadas que alguna vez fue próspera y marcharon de ahí con las pertenecias que pudieron rescatar.

Algunos hijos ya crecidos encontraron entre las ruinas de su antiguo hogar grandes cofres con los tesoros que pertenecieron un día a sus desgraciados padres que trajeron luego la muerte. Los guardaron para llevarlos consigo a su nuevo hogar y repetir nuevamente la historia que hubiesen preferido borrar.

FIN

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