Rumores y falsas noticias: ¿por qué insistimos en creer?

Termina junio y espero que con ello todas las falsas noticias que han aparecido estos días pululando por internet. A pesar de los intentos de varias personas, en las que me incluyo, de hacer que la gente no crea lo primero que le aparece en una foto con tres líneas de texto, estos días se han hecho notar bastante, desde decir que Facebook será de pago (sí, lo siguen creyendo) hasta el supuesto proyecto de Ley que el Gobierno despachó para subir la edad de jubilación mientras todos celebrábamos el triunfo de la Roja. Es esta última noticia la que me trae a escribir este texto, y no es precisamente para desmentirlo, pues el mismo Gobierno debió salir al paso, sino la consecuencia de esto último: las personas que deciden seguir creyendo, porque desconfían del malvado gobierno.

Falso

Las leyes no se pueden ocultar

Es para no creerlo: ven una cadena en WhatsApp o una imagen en Facebook, y se lo creen enseguida; el Gobierno sale a desmentir, no le creen ni tampoco a las personas que cuestionan el rumor ante la falta de pruebas. Esto lo he conversado con bastantes personas y me he visto discutiendo con otras pocas, a las que no pondré en evidencia aquí, sino a partir de esto pretendo reflexionar un poco en por qué esa insistencia en rechazar las pruebas.

Partamos aclarando algo, la clase política puede ser como ustedes quieran: corruptos, zánganos, de poca inteligencia, o la opinión que tengan de cada bando. Por otro lado también convengamos que los canales de televisión desinforman, no dedican suficiente atención a los problemas reales y dan excesiva cobertura a nimiedades. Pero ahora vamos a lo real: hay cosas que ni el Gobierno o los medios de comunicación pueden ocultar, por más que ustedes crean que sí.

Que la TV o Bachelet nos oculten cosas, no es nuevo, es parte de las muchas mentiras que se han difundido estos años. El principal motivo que arguyen los que difunden esos rumores, es que no desean alarmar a la población (para no generar pánico o qué se yo). Lo dijeron en el aluvión de Atacama y en cualquiera de los terremotos que han habido. Pero en el caso en que se toca un tema tan sensible como las pensiones y la jubilación, en un tiempo en que las críticas hacia las AFP se han visto intensificadas, los motivos que se arguyen son aún más oscuros. Se habla de que el Gobierno y los parlamentarios trabajan a espaldas de la gente para conveniencia suya, para favorecer a los poderosos o a ellos mismos, etc. y que por tal razón realizan proyectos de ley secretos que votan sin conocimiento de los inocentes votantes mientras están distraídos con eventos deportivos.

La realidad es otra: no hay modo de que oculten un proyecto de este calibre ni lógica en ello. ¿Por qué lo harían si algo así tendría que llegar a saberse de todos modos? ¿Cuál sería el afán del Gobierno por desacreditarse aún más? ¿Y cuántas veces no ha sucedido que en el Congreso se vota un proyecto que carece de apoyo popular, pero aún así se habla en todos lados de ello? Cuando se trata de leyes que nos afectan a todos directamente, dudo que alguna vez se hayan intentado ocultar.

En cambio existen muchísimas maneras de conocer todo el quehacer político de los parlamentarios, sea bueno o sea malo, desde sus asistencias, pasando por sus gastos y viajes, hasta los aportes que han hecho en sala. Además los últimos proyectos tratados incluyendo aquellos despachados desde la Presidencia. Todo esto en las páginas correspondientes de la Cámara de Diputados y el Senado. Incluso ambas cámaras poseen canales de televisión disponibles en casi todas las cableoperadoras de Chile que transmiten las discusiones de sala. Así también, los parlamentarios poseen oficinas distritales donde los votantes pueden informarse de las gestiones de estos. Incluso si usted quiere manifestar su opinión, existe Senador Virtual para que usted mismo vote los proyectos en discusión. Por lo tanto, créame: por más malo que sea un diputado o un senador, difícilmente puede ocultar los proyectos que presentan, votan o aprueban. Lo único que podrían ocultar es que son empresarios los que redactan los textos por ellos u otros casos que nos hemos enterado recientemente.

Y por la misma razón, el supuesto proyecto de ley que muchos aún se niegan a dar por falso, no lo podrán encontrar en ningún lado ni el 1 de julio lo verán aprobado, porque simplemente no existió. Y si aún hay gente cabeza dura y conspiranoica que dirá “ah, es que como salió a la luz lo eliminaron y sacaron toda la información que pudiera haber en las páginas”, pues aún así cuando aún era “secreto” nadie encontró prueba alguna. Y si siguen con la tontera y piensan que a pesar de todo una comisión secreta se iba a juntar el viernes (día en que no se hacen votaciones) en una semana distrital (es decir, cuando los parlamentarios realizan trabajo en terreno) para aprobar un proyecto sin que este siga el conducto regular, pasando por alto todas las leyes… pues ya no tiene remedio discutir con ellos.

A lo que voy es que hay muchas formas de mantenerse informado sin necesidad de esperar la publicación del Diario Oficial y no leerlo, porque es muy fome. Aunque sea difícil entender lo que se discute en el congreso, las alternativas son varias, incluso muchos de los parlamentarios responden los mensajes en Twitter y se puede pelear con ellos de primera mano. Insisto en la necesidad de que cada uno compruebe las cosas que lee en internet, sobre todo aquellas que producen tanta alarma como saber que si eres hombre, tienes 65 años y no te jubilas antes del primero de julio, tendrás que seguir trabajando 10 años más (les juro que había gente afirmando esta barbaridad).

La conveniencia de no informarse

Pero, a pesar de todo, no soy muy optimista en que la gente quiera informarse por sí sola. El desprestigio de la clase política este último tiempo ha llevado a un rechazo tal que todo lo que se vea rodeado de la palabra “política” es visto como de por sí como algo negativo. Sin embargo, considero que esta tendencia a dudar de todo lo que provenga del Gobierno responde a un hecho aún más particular: la predisposición a quejarse de todo sin hacer nada al respecto.

Este modo fatalista de ver la realidad es más conveniente para el común de los ciudadanos que el pensar que algo se puede hacer para revertir la situación, ya que no queda más opción que resignarse. Y desde esa posición podemos lamentarnos cómodamente, pero sin creer realmente que nuestras quejas sirvan para algo. Lo oigo muchas veces: “votamos para que estos políticos se llenen los bolsillos, pero el día de mañana tendremos que seguir trabajando” o similar “qué importa quién nos represente si total las cosas van a seguir igual”.

Creer lo contrario nos obligaría a tener que salir de esa posición cómoda en la que nos encontramos, o por último darnos cuenta que lo que hacemos no solo no sirve, sino que no responde a la realidad. Por ello es más fácil entregarse a la idea de que todos los políticos son malos, o como en el caso planteado aquí, que nos ocultan la verdad, porque de otro modo seríamos nosotros los que en realidad no queremos informarnos, aprender, leer un poco, levantarnos e intentar mejorar las cosas. En cambio caemos en la crítica fácil y sin argumentos, para negar la idea de que no nos enteramos de algo, porque decidimos no prestar atención a lo que sucede a nuestro alrededor.

Mientras siga ocurriendo esto y no tengamos una educación que nos enseñe ser más reflexivos y críticos (lo que es ser realmente crítico, no un quejumbroso) y aprender a investigar por nuestros propios medios, es más que seguro que seguirá ocurriendo esto a la escala en que sucede actualmente, de creer mentiras solo porque atacan a un ente con el que no estamos de acuerdo, y de rechazar las pruebas o la verdad, aunque esté frente a nuestros ojos haciéndonos señas.

Author: María de los Ángeles

Nacida en 1990, de padres sureños y criada en el norte. Profesora de Castellano y Comunicación, con interés en el lenguaje, los cómics, X-Men, Pokémon y fútbol, entre variados temas. Vegetariana, amante del cielo y el mar.

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