Flexibilidad laboral

Suena un teléfono celular en una amplia y elegante oficina. Un hombre medio calvo, robusto y de mediana edad con un impecable traje contesta:

—Hola, hijo. Cuéntame rápido que salgo para una reunión.

—Hola, papá. No, nada, sabí. Es que tengo el tremendo carrete por el cumple de la Feña y onda, estoy en la oficina con full pega y le quería pedir a mi jefe si podía salir un par de horas antes pa’ ir por los cabros, su copetito, tú sabí, pero no estoy seguro de que me deje.

—Pero, hijo, cómo tan pollo. Ya, yo llamo a José Luis y arreglamos esto rápido.

Suena un teléfono celular en otra oficina, igualmente amplia y elegantemente decorada. Un hombre con las mismas características que el anterior, contesta:

—¡Rubén Alberto! ¿Cómo le va hombre? Sí, sí, cuénteme.

—José Luis, te llamo porque Felipe Andrés me contó que tiene una reunión muy importante esta tarde y necesita salir a más tardar a las dos. ¿Habrá algún problema?

—Faltaba más, hombre. Tan trabajador que es este muchacho. Claro, claro, le diré que tiene mi permiso. Pero para la próxima que venga él mismo a hablar conmigo, no tiene por qué tener miedo ese cabrito.

—Ahí vemos cómo cubrir su trabajo pendiente.

—Ah, claro. Le diré a Pérez que haga su papeleo. Nos vemos, sí, sí, el sábado en el club.

Tocan a la puerta, la secretaria le indica que Pérez, uno de los ejecutivos, desea hablar con él.

—Hágalo pasar —suspira.

Entra un hombre delgado, joven, pero lánguido, vistiendo un modesto traje.

—Buenas tardes, don José. Quería hablar con usted sobre un asunto…

—Hable rápido hombre, mire que tengo cosas importantes que hacer.

—Sí, mire, sucede que en la escuela de mi hija harán un acto por el día del padre y me preguntaba si podía ausentarme una horita…

—Pos hombre, cómo me viene a pedir esas cosas y por tales insignificancias, ¿no ve todo el trabajo que tenemos? No podemos permitirnos ausentarnos ni medio minuto sino la cosa no avanza, ¿ve? Si permito que todos aquí vayan y vuelvan a la hora que deseen, esta empresa se va a pique. Ya, ya, hombre, no me mire así, yo quiero lo mejor para esta empresa y todos sus trabajadores.

—Sí, señor, lo entiendo.

—Para que vea que no soy una mala persona, dejaré que el sábado se vaya media hora antes, lleve a su hija al parque o cómprele un helado. ¿Feliz?

—Claro, jefe, muchas gracias.

Pérez camina hacia la puerta.

—Pérez, un momento…

—¿Sí, don José? —su rostro se ilumina.

—El señor Iturriaga se va a ausentar esta tarde, necesito que revise estos papeles por él.

—Sí, señor.

FIN

Author: María de los Ángeles

Nacida en 1990, de padres sureños y criada en el norte. Profesora de Castellano y Comunicación, con interés en el lenguaje, los cómics, X-Men, Pokémon y fútbol, entre variados temas. Vegetariana, amante del cielo y el mar.

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